9- Mató a su mujer y se suicidó
 
DURANTE VISITA INTIMA PRESO MATÓ A SU MUJER Y SE SUICIDÓ. HACE TRES AÑOS HABÍA MATADO A LA MADRE.

      He aquí una historia de un OTRO YO. De un tipo común que las circunstancias convirtieron en la bestia que dormía en algún pliegue de su personalidad. Una bestia tan latente como inadvertida hasta la noche que trastornado por maos amores mató por primera vez dando inicio la cuenta regresiva de su propia vida.
     El "Santiagueño" Marcelino Roque Agüero a sus 28 años era un muchacho trabajador al decir de sus patrones. Pichanalense por adopción vivía en el 2007 en la calle Islas Picton del barrio Salamanca. Tenía dos bebés y otro en camino con Eliana de los Angeles Coria con quien coincidía en edad.
     Nada ameritaba pensar en el Dr Jeckill y Mr Hyde que oculto en ese bajo perfil aflorara el cuchillero que masacró a la suegra Ana Guerrero de Coria (49) el 2 de Febrero. Dijo que lo hizo por la pasión clandestina que vivía con la hermana de Eliana, Cintia Leonila, su cuñada de 17 años, complice de amor y sangre.
     La revelación los mandó juntos a Juicio por homicidio calificado. Él por matar con alevosía a su suegra dormida, ella por matar a su madre.
     Agüero trató de llevarla consigo al infierno a la que zafó por la duda. Le dieron prisión perpetua. Su mujer Eliana, a sabiendas que había matado a su madre y la había engañado con su hermana en sus narices, lo visitaba e la cárcel con un amor incomprensible a pruebas de balas. Le aliviaba las llagas de su rencor con perdones de cama y sus culpas de analfabeto deprimido por unas conductas que no podía explicar. Ese doblez de Diablo que actuaba por cuenta propia en sus fiebres de rústico enamorado.
     El último domingo del año 2009 fue el acto postero de su cruel OTRO YO. En la cárcel nueva Eliana lo fue a visitar para recrear el nidito de amor de mejores tiempos en la habitación 6 del pabellón "T" de la planta alta destinada a encuentros privados. Ingresó con él a cinco minutos de las dos y media de la tarde con el paraguas de Derecho Humano de no ser molestados por los guardiacárceles del pasillo. Dadas las circuntancias un suspiro largo, un grito de fuerza, un resuello aparatoso, no deben ser signos de placenteros orgasmos.
     Concluido el horario del amor el estupor deformó la cara del funcionario que abrió la puerta del claustro. Para resumir: LOS DOS ESTABAN MUERTOS ACOGOTADOS. Ella con un cordel, él con un sábana pendiendo de los barrotes del ventiluz. Al forense le costó trabajo despegar de la carne la doble vuelta de piola entrelazada que sofocó a la mujer. Se había pelado de arañazos el cuello tratando de sacársela mientras le apretaban de atrás el nudo. Sus uñas alcanzaron la cara de su marido que tan pronto teminó la tarea enroscó una de las sábanas en la ventanilla y desde la cama se dejó caer muriendo asfixiado al ritmo pendular de un reloj de pared.


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